viernes, mayo 30, 2008

Insigne personaje


Hoy es el último día de Jorge Pedro en esta editorial, lo extrañaré pues sus puntos de vista sobre el oficio y la vida en general hacían los días un poco más extraordinarios. Sin embargo me da mucho gusto que haya encontrado el trabajo que siempre buscó y seguiremos en contacto.

Últimamente he escuchado cómo algunos piensan que Internet destruirá el lenguaje y sobre todo la literatura, especialmente gente de mi edad, mirándolo con la cautela que se le tiene a un perro doberman atado con cadena; quizá lo que no entienden es que Internerd es un medio, no un fin. Pensaba en esto cuando me topé con un pasaje de la novela Respiración Artifical de Ricardo Piglia, en el que habla sobre la declinación del género epistolar por causa del teléfono, convirtiéndolo en un género anacrónico (Anagrama, págs. 33-34). Ahora hay novelas escritas como si fueran entradas en blog y correos electrónicos, así que podríamos decir que ha sido una especie de mutación del mismo.

De vuelta al trabajo; está claro que hay una distinción entre divulgación de la ciencia y noticias de la ciencia; en mi caso en particular, creo que la ciencia se ha convertido en entretenimiento superficial, sin reflexión, aunque es algo que los lectores objetivo no buscan. Un suceso muy penoso me ocurrió hace un año al enviar una colaboración sobre el tema de la ciencia a la revista Replicante; Rogelio Villarreal me lo regresó con una aguda crítica con fundamentos razonables cortesía de un miembro de su consejo editorial; al principio reaccioné de manera poco inteligente, explosiva incluso. De ese evento aprendí muchas cosas no solo respecto al trabajo, también de mi persona. No he vuelto a ser el mismo desde entonces, y en perspectiva me alegra que haya sucedido, creo que a partir de ese evento he podido lidiar mejor con las faenas propias de la responsabilidad editorial e inspiró el nuevo proyecto para Picnic sobre el hielo (espero que en estas semanas pueda subir la información).

Es viernes, me encanta.
Foto: Wikipedia

viernes, mayo 23, 2008

Estrategias


Justo el miércoles pasado platicaba con dos compas correctores (una clase que se cocina aparte en la oficina), y uno de ellos, Darío, mencionaba su afición al ajedrez. Ayer por la mañana precisamente un sujeto en el micro leía un libro de estrategia en este deporte, y me volvió el recuerdo de aquella magnífica novela (corta) de Stefan Zweig, Novela de Ajedrez (1941), regalo de Tania. Ok, le dicen el deporte ciencia pero el término me incomoda, entiendo perfectamente el concepto pero en la práctica un deporte en el que no hay gritos o sudor desentona con el concepto general del término (quienes simpatizan con la extrema izquierda llenarían los estadios de fútbol con tableros cuadriculados).

En la novela hay un enfrentamiento muy peculiar, entre un campeón mundial –un campesino con talento– y un banquero que ha aprendido el arte del ajedrez por circunstancias particulares, casi por necesidad; alegoría del talento contra la disciplina en versión extrema. Y apenas me entero que hubo una película alemana basada en este texto (Die Schachnovelle, 1960)

El Mister, corrector de estilo también, llegó a decir que no le gustaba enfrentarse a la computadora (todas nuestras máquinas tienen un free software, el Chess versión 2.1), quizá porque la programación es notablemente superior a cualquiera de nosotros, simples aficionados de ocasión, lo que las hace casi invencibles.

Las últimas dos semanas han estado plagadas de movimientos estratégicos en la oficina; podría empezar de nuevo 'el juego de las sillas'. En casa ya queríamos que llegara este día, bendito viernes, que augura un fin de semana de lectura.

Estos links son interesantes de acuerdo al tema. Ajedrez y literatura. Ajedrez y cine.
Por cierto, Rodrigo está de vuelta en este link.

miércoles, mayo 21, 2008

Sospechosos comunes


El viernes pasado, al regresar a casa, me encontré con Olivier en el autobús. En su regazo tenía un libro, la antología definitiva, volumen 1, de los cuentos completos de Isaac Asimov. Yo tenía en la mochila El fin de la eternidad, y la coincidencia hizo más amena la charla mientras llegábamos a nuestro destino. En realidad no platico mucho con él en la oficina, a pesar de que nuestros lugares de trabajo están a menos de dos o tres metros de distancia. Además tenemos a un amigo en común, el Bef. Nuevamente la CF resolvió un vínculo.

En el microbús que tomo en la mañana frente al WTC me he topado con ciertas personas que habitualmente llenan el tiempo ocioso de viaje con un libro. Creo que con el paso de los días ya nos reconocemos. Está la chica que ha alternado entre Saramago e Italo Calvino (a quien no he visto últimamente). Por ahí el tipo clavadísimo con Desmond Morris. Otra que sigue enfrascada en la saga de Harry Potter (cuyos lentes parecen de abuelita). Un sujeto en sus veintitantos comenzó a leer 2666 de Roberto Bolaño. Está la señora que, aun de pie, no suelta a Doris Lessing (y que sospecho es maestra en la Ibero). Ignoro cual sea la personalidad de cada uno, a estas alturas no podemos juzgar a la gente por sus lecturas, pero creo que en definitiva quien lee ciencia ficción clásica pertenece a una especie en extinción y existe cierto lazo de hermandad o solidaridad inherente con el resto de nosotros.

Hoy repasaba un libro sobre utopías, de Jean Servier, y al levantar la vista del texto no encontré a ninguno de los lectores, a quienes he llamado los sospechosos comunes. En realidad estaba ya tarde, a ellos sólo los encuentro en el horario de 7 a 7.30 am. Más tarde, en esa ruta, sólo está la gente que lee los tabloides. Cada quien que lea lo que quiera.

Por otro lado, leer en microbús implica un gran esfuerzo para la vista. A menos que el libro me guste mucho, suelo rendirme después de media hora pues siento que la cabeza me da vueltas y los ojos me van a explotar. En el metro es distinto, es más sencillo, a menos que esté abarrotado de gente. Encontrar un momento en el día laboral para leer fuera de casa es casi imposible, al menos en mi caso (a menos que no sea por motivos de trabajo). Mi tocayo, después de comer y si el tiempo lo permite, se va a la cafetería del complejo de edificios en el que trabajamos. Cuando esta opción no es viable se va al estacionamiento y se encierra en su auto. El mister creo que ha hecho lo mismo…aunque una vez se quedó dormido y se despertó hasta las ocho de la noche…

Foto googleada: lectura microbús

viernes, mayo 16, 2008

Llave eléctrónica


Desde que nos cambiamos de casa hemos notado que los vecinos son un tanto especiales (o debería decir espAciales). Sus quejas, en proporción a dos o tres por mes, algunas más absurdas que otras, son un signo inequívoco del estrés provocado por vivir en departamentos tan pequeños. Porque hacemos mucho ruido al subir las bolsas del super, porque el gato está en el pasillo y la señora es alérgica, porque dejamos la carriola en la entrada de la casa y le da mal aspecto al conjunto, porque la planta está quince centímetros a un lado de las escaleras y se ve mal, o por lo que se les ocurriera. Se trata de un edificio nuevo, pero evidentemente clasemediero –cualquier cosa que signifique a estas alturas de la situación económica del país-. Alguna vez le comentábamos a Carlos de la Sierra que nuestros vecinos creían vivir en Las Lomas, la zona residencial exclusiva por excelencia, en virtud de sus exigencias en las formas (y resultó que una de sus amigas presentes durante la charla en efecto vivía en Lomas, ¡plop!).
La última, la proverbial ‘gota que derramó el vaso’, tuvo que ver con mi interacción con la tecnología y la manera en la que esta me ha condicionado. Me explico:

La dinámica impuesta para sacar los autos del lugar del estacionamiento es intercambiar con los vecinos copia de las llaves para moverlos según el orden en el que queden guardados. Para que podamos salir de la cochera que nos toca, es necesario mover el auto que tenemos enfrente. En lo personal esta operación suele ser incómoda, ya que no me gusta manejar naves ajenas, y menos con las maniobras que suelen hacerse para evitar rayar la superficie de los mismos contra las paredes u otros coches. A veces dejamos que el coche del vecino se quede en nuestro lugar, pues a menudo llegamos tarde o salimos de casa más temprano que ellos y así evitamos efectuar esta clase de movimientos. En los cuatro meses que llevamos con el auto, el vecino en turno –a quien apodo El Simpson- se había quejado de que no podía abrirlo porque se accionaba la alarma, o porque el área que quedaba entre la puerta del conductor y la pared era tan estrecha que no cabía o no podía abatirla. Nuestra respuesta era básicamente la misma: que se metiera del lado del copiloto, eso lo hacen todos, nosotros mismos inclusive. Ante su insistencia llegamos a pensar que tal vez no deseaba realizar aquella tarea tan incómoda pero necesaria por decidia, o simplemente no sabía como hacerlo. Después de tanto tiempo y quejas por ambos lados, ayer por la noche se presentó su esposa para devolverme mis llaves y exigir que le devolviera las suyas, ya que era imposible seguir batallando con nosotros, tachándonos de inflexibles. El Simpson aguardaba a metro y medio detrás de ella, recargado en la pared, decidido a no hablar conmigo. Parecía furioso. La discusión que siguió se acaloró, al grado que intervino el administrador, el paciente e ingenioso Agustín.

En este punto debo aclarar algo muy importante. El auto abre sus puertas y cajuela con el control remoto, una cajita negra con un LED rojo adjunta a la llave de ignición. Acostumbrados a utilizarla todos los días, nunca nos habíamos visto en la necesidad de usar ‘la llave’, el objeto físico, para entrar en el vehículo. Sin embargo este punto no sería trascendente de no ser por un pequeño detalle: la puerta del lado del copiloto no tiene cerradura. Por esta razón, armado solamente con ‘la llave’, El Simpson no podía abrir la puerta del copiloto, y diariamente, durante cuatro meses, contorsionó su flácido cuerpo para poder llegar hasta la otra puerta. Al momento de descubrirlo, con Agustín, el Simpson y su esposa presentes, mi primera reacción fue de sorpresa y vergüenza por ignorar este pequeño pero significativo detalle sobre mi auto; en realidad nunca se me había ocurrido usar aquella ruta, mi paradigma se había venido abajo. Pero de inmediato me hizo gracia y no me quedó otra mas que ofrecer disculpas con mi mejor sonrisa. Pero el daño estaba hecho. El Simpson quería sus llaves de vuelta, no habría segunda oportunidad. Intentó, en una actitud mas bien pueril, hacer mofa de la situación ‘¡No puedo creer que NO CONOZCAS tu coche, TU PROPIO COCHE!’, dijo haciendo aspavientos con una mezcla de ironía y sarcasmo, como si hubiera cometido alguna falta moral o mi virilidad hubiera sido puesta en duda. Yo me reí por su reacción, la situación parecía absurda. En materia de MI PROPIO auto, a veces ignoro como detener el limpiaparabrisas. Tras un instante lo que pregunté a fue contundente: ¿Por qué no me lo habían mencionado antes? “De haberlo sabido le quito la alarma y se hubieran evitado molestias”. El silencio fue su mejor respuesta. Meses arrastrándose contra la pared, maldiciendo contra nosotros, empezando su día laboral con un humor de los mil diablos porque sus vecinos eran unos desconsiderados. Este caso debería planteárselo a los fabricantes de mi nave, famosa empresa española.

Nos mudaremos nuevamente, ya empezamos a buscar sitios candidatos. Cualquier persona que viva en esta clase de conjuntos departamentales sabe que los riesgos de la convivencia son los mismos en cualquier lado. Aquí, simplemente, fueron demasiados para un solo punto geográfico, y por alguna extraña razón todos han sido, en mayor o menor medida, bastante ridículos. Y yo que pensaba que se quejarían de las fiestas o el olor a yerba.

PD
La noticia de la partida de Rodrigo ha conmocionado la oficina y la comunidad TdQ. Estoy seguro que está en su mejor momento, y esto representa para él una gran oportunidad. Salud.

foto googleada: electric car key

miércoles, mayo 14, 2008

Tiempo de cambios


Hago tiempo mientras encuentro una palabra en idioma inglés que pudiera definir este blog para The Big Word Project. La dinámica de ponerle precio y significado a las palabras me gusta, después de todo quien las utiliza es quien les da su propio valor.

Las últimas noticias respecto a la salud de mi abuelo y mi tía me inquietan. La mamá de Tania entrará al quirófano en un par de horas para su operación de rodilla. Muchos asuntos de salud que flotan a nuestro alrededor, no quiero volver a tener problemas de este tipo.

Este miércoles es otro día en el que no tengo paciencia para terminar la jornada laboral. Sin embargo me encontré con unos datos deliciosos que han hecho que valga la pena haber venido. Hay algo enrarecido en el ambiente de la oficina, quizá por los Idus de marzo que no se han ido (y cuidarse de ellos). En mi caso sólo espero buenos augurios, pues ayer por la noche terminé de ordenar los archivos en mi computadora, justo cuando llegó mi hermano para hacer el papel de niñera por unos días. Su serenidad ante los problemas me contagió, y sin darme cuenta desaté un par de nudos mentales que no me permitían seguir con mi vida. Recordé aquel texto que publiqué en ocasión del fallecimiento de Kurt Vonnegut, y eso me ha servido también para seguir adelante con los proyectos.

martes, mayo 13, 2008

Juguetirama


La compañía Mattel pretende armar muñecas Barbie con desechos de sus fábricas; al reutilizar este material quieren hacernos creer que se trata de una iniciativa ecológica, con lo que no solamente recuperarán dinero del scrap, sino además cumplir un compromiso genuino con la sociedad. Que se los crea su madre. (Vía Salon) (Comunicado oficial).

Afortunadamente a Diego le sobran juguetes, ya que sus abuelos y tíos le han regalado bastantes. Hace unos días, al dar la vuelta por el centro, le compré una bolsa con luchadores de plástico; me resultaba extraño que siendo niño mexicano aun no tuviera estas emblemáticas piezas en su cuarto. Le gustaron mucho, tanto que ahora lo acompañan en su pequeña cubeta de juguetes favoritos. El precio fue una ganga: diez luchadores por trece pesos. No tiene edad para pedir un tipo específico de juguete, aunque sus favoritos son los coches, y en este sentido la película Cars se ha encargado de llenar su imaginario. Los autos pequeños de metal, de entre tantos productos que han surgido de esta franquicia, cuestan entre setenta y cien pesos. Aludiendo a la famosa campaña de tarjetas de crédito: la sonrisa de mi hijo no tiene precio; afortunadamente aun conserva la capacidad para improvisar juguetes con casi cualquier objeto que se encuentre –y creo que la mantendrá por el resto de la infancia–, aunque me gustaría saber en qué momento comenzará a pedir algún juguete en especial, que seguramente lo verá anunciado por la tv. Se me ocurrió que tal vez era el momento indicado para comprarle una consola de videojuegos, mis hermanos, que son gamers, apoyaron la idea, aunque a mi nunca me llamó mucho la atención. Pero Tania hizo una observación que me pareció pertinente: primero que el niño aprenda a jugar, solo y con otros niños. Después que aprenda las primeras letras podrá empezar poco a poco en los misterios del electroentretenimiento; el Wii puede esperar un poco más (además que cuesta como tres mil pesos).

Foto googleada (luchadores de plástico)

lunes, mayo 12, 2008

Máquina de datos


Como una eficiente máquina de datos, el trabajo que desempeño me ha permitido husmear en los rincones más interesantes de entre varios campos del conocimiento. A últimas fechas, el énfasis por la cantidad sobre la calidad me han hecho volver a este blog como un reducto para aclarar mis ideas y no dejarme pescar por el delirio burocrático en el que se ha convertido mi oficio. Ya había intentado encontrar una solución con el blog de Toque de Queda, donde he escrito (y sigo haciéndolo) sobre los hechos más curiosos que se han cruzado durante mi búsqueda por información de carácter general; desde la muerte de John Wheeler, el científico que acuñó el término 'agujero negro', hasta la persona que se le ocurrió diseñar las portadas de las cajas de discos fonográficos. Incluso se me han escapado en ese sitio recomendaciones literarias que originalmente estaban dirigidas a este blog. En fin, regreso a este rincón (una vez más...creo que he 'regresado' como tres veces) con el ánimo de recuperar la cordura, motivado por un par de emails, uno de Vlad y otro de Jorge Pedro.
Me dio emoción el saber que Rodolfo ganó el Premio Julio Torri de cuento; nos vimos hace unas semanas en la presentación de la revista Generación especial de Punk; platicamos con Gil y Morcillo sobre libros, sentí que recuperaba el espíritu perdido.

Al llevar a Diego a la guardería nos detuvimos un instante para ver la imagen publicitaria de la nueva serie de Terminator (las crónicas de Sarah Connor), impresa en un autobús. Él sabe que aquella figura es un 'robot', que ese tipo de figuras humanoides metálicas lo son, incluso uno de sus programas favoritos (High Five!) tiene un capítulo dedicado a este tema (con una canción que le resulta pegajosa). Para él estas máquinas son de lo más normal, aunque dentro del campo de la ficción; todavía no llega el momento en que tengamos uno 'de verdad' en casa.